Entrevista a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo


Hebe


Es una de las luchadoras sociales más reconocidas de Argentina. Se define como una persona “bien de izquierda y bien revolucionaria”. Polémica y frontal, en esta charla con La Pulseada habla de la actualidad de la Asociación, de sus hijos, su lucha y hasta en las preguntas que se niega a contestar deja mucha tela para cortar.



 La primera vez que intenté coordinar esta entrevista pude hablar muy poco y lo único que conseguí fue un reto. La voz del otro lado del teléfono me dijo: “¡No me llamen a mí casa! ¡Soy una mujer mayor! ¡Tengo 80 años y recién llego de trabajar! ¡Hablá directamente con mí secretaria!”, y antes de que pudiera intentar una explicación me cortó.

Después hubo una serie de derroteros que incluyeron correos electrónicos, llamadas, cancelaciones y encuentros frustrados en la Asociación y en su casa. Pero la perseverancia suele dar resultados positivos, y si hay alguien que sabe de perseverancia esa es la entrevistada.

Hebe María Pastor de Bonafini es la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, es una de las militantes más reconocidas de Argentina, una mujer de 80 años que se entrevistó con ministros, presidentes, y hasta con el Papa; su lucha ha transcendido todas las fronteras y esto le valió reconocimientos en distintas partes del mundo. Esta es la primera vez que la veo en persona y, sin embargo, siento la necesidad de tutearla. Para mí, como para muchos otros, es simplemente “Hebe”, y - aunque parezca contradictorio-  eso significa mucho.


- Sé que estás muy ocupada así que te agradezco mucho que puedas atenderme

- No, yo te pido disculpas por todos los dimes y diretes – dice Hebe mientras me invita a pasar a su pequeña oficina, en el edificio que la Asociación tiene en Capital Federal, frente a la Plaza del Congreso-. Pero, la verdad, es que estamos con mucha disminución de madres. Una de ellas, que trabaja una barbaridad y ya viene con problemas hace un tiempo, ayer se puso muy mal y tuvimos que llamar a urgencias. No me gustó nada como se puso. Otra madre que vino ayer y que no puede caminar pero quería ir a la Plaza y dar aunque sea media vuelta, cuando llegó acá se cayó. ¡Hay que ver el esfuerzo que hacen algunas madres para dar aunque sea media vuelta en la Plaza!

Pero esas cosas te alborotan todo.

Hebe está muy distinta a la de la foto clásica. No lleva puesto el pañuelo blanco sobre la cabeza y los anteojos de vidrios gruesos quedaron atrás hace rato, cuando se operó de la vista. Hoy está prolijamente maquillada, lleva un saco y pantalón que junto a un pañuelo que le envuelve el cuello hacen juego con su pelo gris. Hoy se la ve alegre. Habla de manera rápida, pero tranquila. No mueve las manos, no se menea en la silla, tampoco mueve las piernas, ni se muestra ansiosa. Se ríe y parece contenta. Pero habla rápido y se va acelerando con cada palabra.


- ¿Cómo es un día tuyo?

– Uhh…diez libretas de esas vas a necesitar – dice riéndose mientras señala mí anotador.- Me levanto temprano y hago gimnasia respiratoria porque soy asmática. Desayuno y a las 8 ya estoy acá, porque quiero tener tiempo de leer los diarios. Contesto todos los correos y empiezo a atender gente. El lunes tengo el programa Pariendo sueños en  la radio La vos de las Madres (AM 530), así que me tengo que reunir con el productor para organizarlo. Después sigo atendiendo gente, luego me voy a la radio a las 7 y termino a las 10,30 de la noche.

Más o menos todos los días son iguales, pero a esos se agrega que el martes tengo que grabar el programa “Madres de Plaza de Mayo” que tengo los sábados en canal 7. En algún momento tengo que hacer un parate para terminar de prepararme la comida porque yo no puedo comer cualquier cosa porque soy diabética y cuando vuelvo de grabar me pongo a preparar “Cocinando Política”, este espacio que tenemos en el Ecunhi (Espacio Cultural nuestros hijos, en la ex ESMA) en el que yo les enseño algunas comidas típicas de América Latina, saludables  y económicas,  y mientras tanto discutimos sobre política y economía en nuestra vida cotidiana.


- ¿Está yendo mucha gente a “Cocinando Política”?

- Mucha. Y va la prensa, y vienen de Holanda y vienen de todos lados. La gente está loca. Están haciendo una tesis en Inglaterra sobre este espacio. Están todos entusiasmadísimos.


- ¿Cómo surgió?

- Empecé a ver que había mucha gente que no entendía nada. Que votaba a Macri como podía votar a otro, pero sin saber por qué. También me di cuenta que había muchas organizaciones que convocan a sus militantes para hablarles de Mao, de Marx, de Trotsky y todo eso, pero después piden planes trabajar que es todo lo contrario a lo que quería Marx. Hay que ver lo que le pasa a la gente en la casa. El marxismo llegará en algún momento, cuando lo quieran leer. Yo nunca lo leí. Sé que es importante, mis hijos lo leyeron, en mi casa está. Pero bueno… empecé a pensar y me dije “la cocina es algo que nos junta a todos”. Era el momento en que todos hablaban de la IV flota, parecía que todo el mudo sabía de eso. Entonces yo pensé en ese espació y cité a la gente. El primer día vinieron una 26 personas y les dije: “miren, no tengo nada para cocinar. Yo les voy a hablar porque ustedes creen que el capitalismo es la IV Flota y las bases militares, pero el capitalismo se nos metió en el ´50 en nuestras casas, con la televisión y con los supermercados. Con ellos nos cambiaron la forma de comer, la forma de vivir y la forma de pensar, aunque ustedes no se den cuenta”. Les empecé a explicar un montón de cosas y empezó a venir cualquier cantidad de gente. La idea es hacer comidas que no valgan más de 3 pesos el plato y discutir de la política en nuestra vida cotidiana. La última vez cocinamos sopa de quínoa, el plato preferido de Evo Morales.


- ¿No hay días en que te levantas sin ganas?
- No, nunca.

- ¿Sentís que la militancia te trasformó?

- Si claro. Me transformó la desaparición de mi primer hijo. Ahí ya se te cambian todos los valores. Primero te das cuenta que es mentira eso de “mí casa”, “mí hijo”, “mí familia”. Es mentira. Nada es “mí”. Cuando llega la dictadura no tenés más nada. Entonces ahí te das cuenta que el “nosotros” y “la solidaridad” y lo que me enseñaron mis hijos es una realidad.

Hebe hace unos de los pocos silencios en toda la entrevista, luego vuelve a reafirmar:

- Ahí me transforme…


- ¿Te ves muy distinta a como eras antes?

- Siempre fui muy peleadora. Siempre inventé cosas para no quedarme sin nada. Un día estábamos re mal de plata, había una huelga muy grande en YPF y mí marido trabajaba ahí. Yo me preguntaba “¿qué puedo hacer?”. Me acordé que había unas masetas en el fondo. Las pinté, hice unas florcitas con papel crepé, agarré una ramitas de los árboles y armé cuatro macetitas hermosas y salí a venderlas. Me pidieron tantas masetas que tuve que poner a mí marido y a los chicos a pintar y hacer florcitas para vender. Siempre luche para ganarme la vida.


- ¿Vos crees que el espíritu comprometido y luchador de tus hijos lo heredaron de vos?

- No sé…no sé. Yo creo que ellos se formaron muy bien en la secundaria. Yo siempre digo que si tuviera que recorrer el mismo camino los dejaría ir a los mismos lugares. Porque en el Colegio Nacional de La Plata les mostraron todo, les mostraron libros que yo todavía tengo y que tuve que tener escondidos durante mucho tiempo. Les mostraron que hasta el teatro podía ser comprometido. Ahí les enseñaron a ser libres.


- ¿En qué momento las Madres pasaron de luchar por Justicia para meterse con las problemáticas sociales como la pobreza, la falta de vivienda, la falta de trabajo, etc.?

- Mirá: hace como 4 o 5 años yo empecé a hablar con Sergio (Schoklender) y le dije: “me siento mal porque creo que tengo una deuda. Sobre todo con los pibes que están tirados en las calles, que piden monedas en los semáforos”. Además yo siempre me negué a ir a una villa y decir “acá estamos nosotros”, porque me parece de terror que la gente se sienta invadida. Entonces Sergio propuso  que no hiciéramos  un proyecto y empezáramos a hacerles casas a la gente, y le dije: “bueno, pero primero hay que ir a hablar con lo gente de la villa, para ver qué te dicen ellos”. Entonces a Sergio se le ocurrió ir a Ciudad Oculta. Averiguó todo y fuimos a hablar con la comisión que funcionaba en el barrio. Porque lo primero que nos dijimos era que teníamos que respetar a la comisión del barrio que es la que se mantiene y la que está ahí todos los días. Les dijimos lo que queríamos hacer. Pero no nos creían. Encima, cuando salimos, vimos que nos habían robado todo lo que teníamos en el auto. Entonces me volví a hablar con la comisión y les dije: “si en un rato no aparece todo lo que me sacaron del auto. Nos vamos a ir a buscar otro lugar, otra villa. Porque, desgraciadamente, en Argentina villas hay muchas”. A la media hora estaba todo de vuelta.


- ¿Cómo fueron los primeros pasos?

- En ese momento estaba Telerman y él había creído en el proyecto de las Madres. Pero Telerman y Gabriela Cerruti, idea de barrio: poca. El día que empezamos, se fueron con un escritorio y con una alfombra roja que pusieron en medio del barro. Era tan ridículo. Me daba tanta vergüenza. También habíamos llevado la topadora para trabajar. Pero a la gente del barrio esa combinación de la topadora y el escritorio sobre la alfombra roja en medio del barro no les cerraba. Yo pensaba: “¿cómo estos pelotudos traen esto?”. Pero bueno, había que firmar el convenio y ya no podíamos tirar todo para atrás.


- Fue un principio complicado.

- Sí. Nosotros le dijimos a la gente del barrio que las primeras casas que íbamos a hacer eran para remplazar a las que se habían quemado. Porque Ibarra les había hecho unas de cartón que eran una vergüenza. Cuando llovía se mojaban más adentro que afuera. Tampoco nos creyeron mucho. Pero empezamos a trabajar enseguida. Trabajar implicaba darles trabajo a ellos. Porque no vas a traer gente de afuera para que ellos estén tirados y después darles una casa. Pero para eso había que capacitarlos. Todo un laburo. Pero Sergio, que es un genio, preparó todo: capacitación, ingenieros, arquitectos, contadores y después todos los compañeros y compañeras del barrio. También tenemos jardín maternal y comedores en cada lugar. Las casas que entregamos están totalmente equipadas: tienen el lavadero, termotanque, lavarropa, heladeras, camas, colchones. Una casa como corresponde. Como queremos vivir todos. Y no es que seamos más, lo que pasa es que son mejores que cualquier casa que hace el Gobierno. Además con este proyecto, que le pusimos de nombre Sueños Compartidos, para fin de año vamos a tener 6 mil personas empleadas.


- ¿Seis mil personas?

- Si, sí, seis mil obreros.
 
- ¿Cómo estás hoy con el Gobierno?

- Bien, muy bien. Primero porque ellos creyeron en nuestro proyecto y por eso estamos haciendo cualquier cantidad de barrios en todo el país.


- Te pregunto porque a mí me tocó ir a cubrir uno de los actos del Gobierno durante el conflicto con los productores rurales y me sentí un poco descolocado cuando vi que mientras arriba del escenario estaban los organismos derechos humanos, muchos de los micros que habían trasladado a la gente tenían carteles de Aldo Rico.

- Bueno esa fue la cosa más jodida que hicieron. Pero lo que pasa es que Aldo Rico ganó. No es que ellos lo quisieron. El tipo ganó. La realidad es que Aldo Rico tendría que estar preso, el tema es ese. Ahí lo que falla es la justicia no ellos.


- Igual, vos habías dicho algo al respecto.

- Si, yo digo todo lo que tengo que decir. A mí no me importa nada. Por ejemplo, siempre dije que a Moyano por más que esté con el Gobierno no le creo. No le creo y no lo saludo. A mí me invitan a los actos y yo paso por delante de él y no lo saludo. Porque yo creo que ese tipo es un traidor. Es igual que Cobos. Yo dije que Cobos era un traidor y todo el mundo se enojó conmigo. A los pocos días votó en contra de la 125. Y con Moyano hace rato que vengo diciendo que es un traidor, se está reuniendo con Duhalde con todos esos… esta bien… ya lo van a probar…ya lo van a probar. A esos tipos no se les puede creer.


Luego de que el 18 de septiembre de 2006,  durante el juicio al represor Miguel Etchecolatz, uno de los principales testigos en su contra, Jorge Julio López, fue secuestrado y desaparecido, muchas asociaciones de Derechos Humanos manifestaron su enorme preocupación al ver que hechos que fueron símbolos de la última dictadura (la desaparición forzada de personas) se repitieran en democracia. En ese momento sorprendieron las declaraciones de Hebe de Bonafini quien planteo la necesidad de investigar quién era López. Estas declaraciones despertaron una gran polémica y muchos sectores del campo popular acusaron a Bonafini de estar trasladando la culpa de la desaparición a la propia víctima.

 
- Se cumplieron 3 años de la desaparición de Jorge Julio López…

- De eso no hablo – dice tajantemente Hebe y mira para otro lado en señal de que ninguno de mis argumentos la puede hacer cambiar de opinión.


- ¿No querés hablar de…?

- No.

Una llamada rompe el momento incomodo y el breve descanso permite que la entrevista retome su curso.

- Algunos sectores de izquierda te critican por tu acercamiento al Gobierno.

- No me afecta porque son los que no hacen nada y a mí la gente que no hace nada no me interesa.


- ¿Vos te definís como una persona de izquierda?

- Si soy de izquierda. Bien de izquierda y bien revolucionaria, porque revolucionarios son los que hacen y yo he transformado un montón de cosas y sigo transformando y cambiando lo que nadie cree que se puede cambiar. Si un gobierno te da la posibilidad de que puedas hacer para la gente, qué te importa más. A veces hay intendentes que son medios dudosos, pero si me piden un proyecto para que nosotros le hagamos las casas a la gente a mí me importa un pito el intendente, me importa lo que vamos a hacer. Y no vendo nada porque ya le demostré al mundo entero quiénes somos las Madres. No pienso rendir más exámenes ante nadie.


- Vos siempre fuiste la cara visible de las Madres. Eso también debe ser algo muy fuerte.

- Y… también, porque…bueno…me quemaron la casa, me pegaron mucho, me vaciaron varias veces la casa. Pero yo siempre dije que eso no era lo importante. Porque, sino hacés como muchas organizaciones que hicieron una cuenta de lo que le llevaron (heladeras, lavarropas, etc.) y se las pasaron al Gobierno. Yo no puedo comparar a mis hijos con eso. Por eso no cobramos la Reparación. A pesar de que teníamos necesidades todas.

- ¿Eso para vos fue fundamental?

- Fue fundamental no vender la sangre de nuestros hijos. No creer que son un cadáver, una cabeza, una pierna. Para nada decir: “voy a enterrar eso”. ¡No! Yo lo veo desde otro lado. Donde estén, si murieron con los compañeros, ahí van a quedar. Mis hijos son otra cosa. Son los hombres del barrio. Son Honduras hoy. Eso son ellos. Porque eran revolucionarios y los revolucionarios están siempre en los lugares donde hay revolución.


- Desde el 2003 en adelante se enjuicio y condenó a varios de los responsables del genocidio que llevó adelante la última dictadura argentina. Pero, sin embargo, muchos militares que formaron parte de los Centros Clandestinos de Detención siguen libres. ¿Qué pesás al respecto?

- Que falta enjuiciar a muchos porque todavía hay muchos jueces de la dictadura. Por eso están los Rico, el padre Grassi suelto, etc. Por los jueces cómplices.

A muchos le sorprendieron las recientes declaraciones de Graciela Fernández Meijide, en el marco de una entrevista que le realizaron para promocionar la publicación de su libro. Meijide durante la última dictadura militar sufrió la desaparición un hijo, luego formó parte de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que recopiló testimonios para ser presentados durante el juicio a la Junta Militar, participación que, sumada a su lucha durante la dictadura, la transformó en una reconocida militante de los Derechos Humanos. Sin embargo, la ex ministra del gobierno de la Alianza, afirmó que se trataba de “un mito” la cifra de 30 mil desaparecidos y propuso rebajar la condena a los represores a cambio de datos y confesiones. Muchos referentes de distintas organizaciones de Derechos Humanos salieron al cruce de estas declaraciones, quizás una de las repuestas más inteligentes sea la carta abierta que le envió Eduardo Luís Duhalde, secretario de Derechos Humanos de la Nación. Si bien, Hebe no quiso hablar del tema su respuesta fue contundente y bien a su estilo no anduvo con vueltas. 

- ¿Cuándo escuchas las declaraciones de Fernández Meijide…?

- Ah… no, pero a ella, pobre mujer, no le contesto. Es una infeliz.


- ¿En qué momento las Madres le empezaron a dar tanta importancia a la comunicación? Porque, tienen el programa de televisión, la radio ahora la revista.

- Siempre. Vos pensá que al principio como no podíamos hacer volantes porque te llevaban presa, cada madre hacía tarjetas con un corazón o con un Cristo crucificado y adentro decía “Tengo un hijo desaparecido”. Hacíamos 20 o 30 y las repartíamos en la esquina de un barrio o en una plaza. Y nunca nos podían decir nada porque estábamos regalando algo que hacíamos nosotras, no un volante ni nada por el estilo. Después empezamos a escribir en los billetes de 50 pesos. Les poníamos “Tengo un hijo desaparecido” y nos íbamos todas a la feria y comprábamos con esa plata. Otro día tomamos 150 parroquias de Capital Federal y Gran Buenos Aires y fuimos a las tres y media de la mañana y cambiamos los cánticos y cuando la gente abría para cantar se encontraba con lo que decíamos las Madres. O sea, que la comunicación siempre fue importante para nosotras.


- ¿Cómo te llevas con la religión?

- Bien. Yo respeto todas las creencias.


-¿Y con la institucionalidad religiosa?

- No. Con esa no me llevo para nada. Obviamente no te tengo que decir cuánto lo quería al padre Cajade, pero con las cúpulas nunca me llevé bien.

Antes de que pueda intentar seguir estirando la entrevista le avisan que ha llegado alguien con quién tenía programada otra reunión y Hebe pone fin a la charla:

- Bueno… ¿terminamos corazón?- Sé que no es una pregunta.

– Está bien. Gracias – digo resignado, sabiendo que a pesar de haber hablado de muchas cosas, otras tantas quedan en el tintero. En esta ocasión no habrá oportunidad para preguntarle por la vez que le devolvió al Papa Juan Pablo II el rosario que le había regalado y le dijo “gracias Padre, pero cruces ya tengo muchas”, o sobre su relación con Alfonsín, o tantas otras cosas más. Por ahora es suficiente. Hebe tiene que seguir haciendo porque es “bien de izquierda y bien revolucionaria” y “los revolucionarios son los que hacen”.

Es una de las luchadoras sociales más reconocidas de Argentina. Se define como una persona “bien de izquierda y bien revolucionaria”. Polémica y frontal, en esta charla con La Pulseada habla de la actualidad de la Asociación, de sus hijos, su lucha y hasta en las preguntas que se niega a contestar deja mucha tela para cortar.

Publicado originalmente en Revista "La Pulseada"

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