Entrevista a Norberto Galasso

 “Hay gente que se opone a lo bueno en nombre de lo mejor”

 

 

Reconocido historiador, ensayista y miembro del grupo de intelectuales Carta Abierta. Tiene 72 años y en el último tiempo, se involucró en una serie de polémicas, por su marcado apoyo al gobierno nacional. En esta entrevista con La Pulseada, Galasso habla de esos enfrentamientos, critica a los intelectuales que son funcionales a la derecha, asegura que hay que apoyar a este gobierno y reclamarle la profundización del proceso, aunque remarca que Kirchner no es Perón y no descarta que la nueva Ley de Servicios Audiovisuales pueda ser negociada con los grandes multimedios.

 

Cualquiera que entre a esa habitación podría pensar que se trata de un depósito o de una librería abandonada. Revistas, diarios, libros y hojas sueltas desbordan los estantes, se acumulan sobre las mesas y apoyadas en el piso forman columnas desproporcionadas e inestables. Entre esas laderas de conocimientos, lentamente, Galasso avanza hasta el escritorio principal que, para no ser la excepción, está cubierto de todo tipo de papeles.
Una profunda bocanada de aire y los párpados a media asta, denotan que no es fácil combinar el trabajo intelectual y el militante (que no siempre son lo mismo). Pero el cansancio no impide que ante la primera pregunta, luego de encorvarse un poco y entrecruzar los dedos, con actitud casi pedagógica busque las palabras más precisas para referirse al rol de los intelectuales en la Argentina.

-En un país como el nuestro, que tiene una larga historia de dependencia, la clase dominante se preocupa por formar intelectuales a su servicio, más allá de que algunos crean que en la Universidad hay gente de izquierda. La realidad es que se trata de gente de izquierda abstracta que por lo general hace política por derecha. La clase dominante difunde una concepción falsa de la historia que está acotada a sus intereses; difunde una concepción de la economía liberal; una concepción geopolítica donde Argentina está abajo y en un costado, en lugar de estar en el medio; una concepción enciclopedista; una concepción que pone en el centro a la literatura europea o norteamericana. Es decir, trata por todos los medios que los intelectuales no puedan desarrollar un pensamiento nacional latinoamericano.

-¿Cómo es que logra parcializar tanto el conocimiento?
-El intelectual que entra al juego de la clase dominante tiene prensa, tiene televisión, editoriales, premios y becas, tiene apoyo suficiente. El intelectual que se compromete a difundir el contradiscurso, donde está la crítica a la historia oficial, a la economía, a la literatura, encuentra enormes dificultades para poder expresarse. Es así que a figuras importantes como Manuel Ugarte (escritor, diplomático y político socialista argentino), que es conocido en toda Latinoamérica, que estuvo a la par de los principales intelectuales europeos de su época, acá en Argentina no lo conoce nadie. Se habla mucho en televisión de salud, pero no se dice que el mejor ministro de Salud que tuvo nuestro país fue Ramón Carrillo. Lo mismo en el caso de los sacerdotes populares como Carlos Cajade, Farinello, Mugica, todos sacerdotes que han vivido en contraposición con las cúpulas de su tiempo, cúpulas que justificaron la dictadura y que llegaron a decir que la muerte de monseñor Angelelli (asesinado por la dictadura) había sido un accidente.

-Usted hablaba de los intelectuales de izquierda que son funcionales a la derecha. Hace poco tuvo una polémica con Alcira Argumedo, Pino Solanas y Luis Brunati. ¿Los pondría dentro de ese grupo?
-Argumedo, Solanas y Brunati son amigos míos desde hace mucho tiempo. Pero en este caso concreto, tácticamente, han perdido el rumbo. Esto no quita que sobrevivan los afectos que uno tiene por Argumedo, o que deje de reconocer en Pino Solanas a un gran director cinematográfico y un hombre comprometido que se ha jugado hasta el punto de que lo balearan. Uno reconoce todo eso, pero me he visto obligado a publicar una nota tratando de llamarlos a la reflexión. Ellos estaban cometiendo el mismo error que tradicionalmente cometió la izquierda. Para resumirlo claramente, es lo que decía Jauretche: “hay gente que se opone a lo bueno en nombre de lo mejor”. Pero cuando uno no está en condiciones de suplantar lo bueno por lo mejor, porque uno no tiene fuerza, no tiene organización, no tiene peso para hacer esa acción, lo único que consigue es que se caiga lo bueno y venga lo malo. Este es un gobierno que, si bien no ha avanzado en algunos aspectos, en muchos otros ha avanzado lo suficiente para tener a todos los canales de televisión en contra, a la Sociedad Rural en contra e incluso no ser bien visto desde Estados Unidos. Por eso creo que hay que ser cuidadoso en la crítica.

-¿Usted les reclamaba eso?
-Yo apelaba a dos cuestiones que son básicas para los que nos hemos formado en lo que ampliamente se llama la izquierda nacional. Por un lado, saber dónde está el enemigo principal. Puede haber enemigos secundarios, puede haber aliados inseguros, pero hay un enemigo principal y eso hay que saberlo. Por otro lado, también hay que saber cuál es la correlación de fuerzas. Saber cuál es la fuerza del campo popular para poder nacionalizar el petróleo, recuperar las minas, unir Latinoamérica, hacer el socialismo, todo aquello por lo que hemos luchado siempre. Pero no hay que confundir lo que planteamos desde el punto de vista del discurso, de la teoría, del objetivo estratégico final, con la lucha táctica en determinado momento. Creo que hay que comprender que el saqueo que sufre este gobierno lo sufre por derecha. Algo similar le está pasando a Brasil. Hay otros casos que son más gratificantes, que avanzan mucho más, como Cuba, Venezuela o Bolivia.

-¿Argentina a quién se parece más?
-Los cambios en América Latina se dan a distinto ritmo y con distinta profundidad. El más importante ha sido la revolución cubana, que, más allá de todas sus dificultades con el bloqueo, tiene la mejor medicina del mundo y la mejor educación del mundo. También hay procesos muy avanzados como el de Chávez que cuando tiene problemas con una multinacional y tiene que expropiarla, lo hace, como pasó con Cargill o con Techint. Procesos como el de Bolivia, donde un hombre de los pueblos originarios está en el poder, algo que antes era impensado. Hay otros cambios que no son tan profundos como se esperaba que fueran: el Frente Amplio uruguayo, Bachelet en Chile y el caso de El Salvador. Otro grupo es el de Lula y los Kirchner, que están un poco en el medio. Es decir, no tienen la excesiva prudencia de Uruguay y Chile, pero tampoco llegan a procesos como el de Venezuela.

-Sin embargo, usted cree que tienen cosas para rescatar.
-Hay cosas muy positivas: la distancia que Argentina ha tomado del Fondo Monetario; la política de derechos humanos; salir de una economía de especulación para pasar a una economía de producción; las modificaciones que ha conseguido la Comisión de Legislación del Trabajo en el Congreso, recuperando muchas conquistas obreras que habían sido eliminadas por el menemismo; la recuperación de Aerolíneas Argentinas; la recuperación de las AFJP; el avance hacia la recuperación de la fábrica militar de aviones; el intento de redistribuir el ingreso. Hay que tomar en cuenta lo que venía ocurriendo en Argentina desde la muerte de Perón: la declinación del gobierno de Isabel con López Rega y la Triple A; la dictadura genocida; la frustración de Alfonsín, que hizo algunas cosas y luego las deshizo; las privatizaciones y la entrega del gobierno de Menem; la incapacidad absoluta de De la Rúa... Este gobierno, teniendo en cuenta todo eso, evidentemente es lo mejor. No con respecto a lo que uno ansía, pero sí en relación a los gobiernos anteriores.

-Pero el gobierno de los Kirchner, ¿no ilusionaba más en 2003, cuando asumió, que en la actualidad?
-Puede ser, pero si nos ponemos a pensar bien, en ese momento no generaba muchas ilusiones. Además, ganó Menem esa elección. Muchos suponían que Kirchner iba a ser el Chirolita de Duhalde. No se esperaba que fuera a tener una política de derechos humanos como la que tuvo. Después fue creando confianza y cuando uno empieza a tomar confianza empieza reclamar mayor profundidad en los cambios. Pero hay que reparar que Kirchner no venía con un partido organizado. Tuvo que recurrir a su gente de Santa Cruz. Tampoco existe un gran frente nacional como organización, sino que intentó primero la transversalidad, que fracasó, luego la concertación y cuando esto también fracasó, como una forma de tener poder, entró en una variable que a mi no me gusta: la de tener acuerdos con algunos intendentes bastante siniestros. Aunque también es cierto que le han brindado su apoyo en más de una oportunidad. No es lo mejor, lo mejor sería que se formase un partido revolucionario con gente conciente, con cuadros medios politizados, con cuadros políticos, pero… lo mejor a veces es enemigo de lo bueno. El que se hizo ilusiones excesivas, o mejor dicho los que nos hicimos en determinado momento ilusiones excesivas, lo hicimos porque no conocíamos que detrás del kirchnerismo no había una fuerza organizada. Entonces cuando nosotros juntamos 200 mil personas frente al Congreso, ellos (los sectores que estaban en contra de las retenciones) juntaron 400 mil en frente al zoológico. Así es muy difícil. Y construir por abajo exige tiempo. No es fácil. Especialmente en el peronismo que siempre ha tenido sus diversas ramas. El peronismo nunca ha sido un movimiento proletario. Ha sido un movimiento policlasista, con obreros como columna vertebral pero también con empresarios dudosos, con burócratas dudosos y con algunos sindicalistas que… bueno…

-Las contradicciones de clases entre estos distintos sectores que forman parte del peronismo, ¿no pueden llegar a hacer estallar esa construcción?
-En la época del menemismo yo tenía la certeza de que el peronismo se terminaba., porque fue coopado por los grandes consorcios monopólicos: Fortabat, Pérez Companc, Bulgheroni. Se estaban ligando al Citibank, a la Banca Morgan. Todo esto sumado a las relaciones carnales con Estados Unidos. Suponía que se acababa el peronismo porque Menem deshizo todo lo que hizo Perón. Sin embargo, después de muchas vueltas llegamos a unas elecciones donde la opción a ese peronismo degradado y proimperialista de Menem, era otro peronismo que es el de Kirchner. Este tiene características muy especiales: por momentos es un peronismo setentista, por momentos es medio desarrollista, pero sigue siendo peronismo. Por otro lado, también tenemos que ver la actitud del Frente Obrero del ´45 que vivió el 17 de octubre y que dijo: “no nos vamos a hacer peronistas”, quizás pensando que este tipo de construcción no iba a durar mucho, que iba a explotar. Pero dijo además: “tampoco vamos a ir a favor de Braden. Vamos a tomar el celebre consejo de Lenin que dice que cuando hay un movimiento que no es totalmente revolucionario, pero que avanza, hay que colocarse al lado, marcarle las críticas, apoyarlo en todo lo que hace bien y tratar de que profundice el proceso. Si en algún momento entra en crisis, las masas populares van a venir a ubicarse con aquellos que fuimos los amigos, que golpeamos juntos pero marchamos separados”. Esa actitud es la que se podría identificar como una izquierda nacional. Bueno… eso, desgraciadamente, también fracasó. En Carta Abierta hay muchas personas que están en una posición de ese tipo. Están buscando una izquierda que al mismo tiempo sea la profundización de todo lo bueno que tuvo el peronismo.

-¿Hay posibilidades de que en algún momento reaparezca un peronismo menemista?
-No. Creo que está muy degradado. Es lo que ahora se está representado con Macri, De Narváez y Solá.

-¿La concentración del poder en pocas manos no es uno de los grandes defectos de este gobierno?
-Es lo que decíamos antes: en la medida en que la transversalidad no anduvo, Kirchner asumió la conducción del PJ y al necesitar una base de apoyo tuvo que hacer alianzas con la CGT donde hay algunos sectores rescatables y otros no tanto. Esto es una debilidad casi congénita del kirchnerismo que no llega como un partido organizado con cuadros, con apoyo en los sindicatos…

-¿Pero el kirchnerismo fomentó el proceso de formación de cuadros para cubrir esas necesidades?
-Bueno, ese es el problema. Determinados políticos quieren hacer una política popular pero no les gusta el riesgo de fomentar movilizaciones populares muy intensas. Porque si vos hacés una política popular pero al mismo tiempo convocás a la gente, quedás preso del ritmo que impone la misma gente. Entonces, a veces se quieren hacer cambios desde grupos cerrados. Esto está ligado a que Kirchner no es Perón. Perón si necesitaba a la gente, la convocaba y la gente iba. Cuando fue derrotado, la gente le siguió siendo leal durante 18 años y cuando volvió ganó otra vez la elección. Bueno, Kirchner no es eso… pero es lo mejor que tenemos.

-En ese sentido se genero una polémica entre Humberto Tumini y Luis D`Elia sobre con quién construir…
-Si, Tumini también me escribió a mí, pero no quise seguir con la polémica. Lo cierto es que la gente de Libres del Sur tuvo durante varios años apoyo oficial y cargos oficiales con sueldos importantes y, sin embargo, no pudo hacer una construcción fuerte por abajo. Yo les he dado todo el apoyo que he podido, he ido a dar charlas cada vez que me lo pedían. La experiencia de ellos no ha sido muy fructífera. Es muy fácil plantear medidas populares en un proceso de liberación como avanzar contra las grandes empresas, construir diferente del Gobierno, ir por una reforma tributaria importante, nacionalizar los depósitos bancarios... Pero si cuando llegan las elecciones las opciones siguen siendo el kirchnerismo o la oposición y nosotros sacamos el 0,01%, evidentemente las cosas no andan. Tampoco sé en qué medida D´Elia tiene una organización fuerte por abajo. Tal vez la sociedad no dé para eso. Venimos de una serie de derrotas, de la ausencia de cuadros políticos (a algunos los mataron, a otros los han obligado a exiliarse, otros se han vuelto escépticos) y todo esto hace que el campo popular esté muy golpeado. Venimos de una época en la que no había paritarias y los sindicatos estaban casi vacíos. Ahora estamos mejor que antes, ¿pero eso alcanza para hacer el partido obrero revolucionario, tomar el poder, unir América Latina e implantar el socialismo? No sé… No podemos saber hasta dónde es posible profundizar un proceso; lo que podemos saber es cuáles son las opciones vigentes, y la opción hoy es tratar de fortalecer al gobierno y empujarlo a que avance en la profundización del proceso y tener mucho cuidado de no ser funcionales a la derecha.

-¿En la actualidad el gobierno se ha debilitado?
-La declinación en las encuestas de Kirchner está ligada al conflicto con el campo y el poder de los medios que se ha revelado terrible.

-¿Le atribuye un papel clave a los medios en el conflicto con los productores rurales?
-Su papel es clave en general. Hoy me llama la atención que leyendo los diarios veo que Clarín dice: “ha aumentado la ocupación en negro”, mientras que Página/12 señala que “ha disminuido la ocupación en negro”. Cada uno utiliza un parámetro distinto para comparar. Yo aprendí a desconfiar de los medios en un café de la esquina de mi casa, escuchando una discusión donde un peronista de la resistencia le decía a un gorila: “usted miente como un diario”. Yo tenía 18 años y nunca me hubiera imaginado que los diarios podían llegar a mentir. Después me enteré que los diarios responden a empresas y, por lo tanto, a las ideologías o intereses de los dueños de esas empresas.

-Se está empezando a discutir el nuevo Proyecto de Ley de Medios Audiovisuales para remplazar a la Ley de Radiodifusión creada por la dictadura. ¿Confía en que el gobierno no se deje condicionar en el tratamiento esta ley?
-Uno espera, ansía, desea, que esto sea un verdadero avance. Confiar, no se puede confiar. Ya hemos visto lo que pasó con varios diputados y senadores. O el caso del vicepresidente que es el colmo de los colmos. El vicepresidente es el representante del Poder Ejecutivo en el Congreso y votó en contra del Poder Ejecutivo. Creo que hay que hacer una campaña en todos los lugares donde se pueda hablar, para crear una conciencia y una presión para que esto no termine en un acuerdo con los grandes grupos. En su momento el gobierno no debió haber renovado las licencias, pero acá pasan cosas increíbles. Creo que la pelea hay que darla, pero, lamentablemente, no descarto que algunas cosas se negocien. Eso sería lamentable.

 

Publicado originalmente en Revista "La Pulseada"

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