Entrevista a Alcira Argumedo

"Que no vengan nuevamente a saquear Latinoamérica" 

 

 

Una de las mentes más brillantes del mundo académico argentino, analiza el contexto en el que asume Barak Obama señala que esta limitado por las políticas del Consenso de Washington y el poder de las corporaciones, y asegura que América Latina lo único que puede esperar es “que no vengan nuevamente a arrasarla y saquearla”.

Como socióloga e investigadora del CONICET, Alcira Argumedo ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de diversas corrientes políticas del continente. La autora de Los silencios y las voces en América Latina, analiza el contexto en el cual asume Barak Obama, señala cuáles serán sus limitaciones y cuál será su actitud hacia América Latina.


 

¿Qué lectura se puede hacer sobre esta etapa que comienza en Estados Unidos?

 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que Obama asume en un contexto de crisis. En los últimos tres meses se produjo un estallido cuya magnitud da cuenta de la caída de estados Unidos como la primera potencia mundial.

Esta crisises la expresión de un cambio en las relaciones de poder, muy similar a otras crisis anteriores de de gran magnitud, como lo fueron la que transcurrió desde 1873 a 1895 y la mas conocida de 1930. Crisis que no son solo económicas o financieras, sino que dan cuenta de una transformación significativa en el equilibrio de poder mundial.

¿Qué caracteriza a esta crisis?

 

En este caso, el surgimiento de China e India como nuevas potencias económicas, la recomposición relativa de Rusia junto a la Unión Europea y Japón, están dando cuenta de que estamos en un mundo multipolar. Esto hace que una parte importante de los grupos de poder que conformaban históricamente el establishment norteamericano estén muy debilitados. Sólo hay que pensar en el City Group, en el Stanley Morgan, en la Ford. Históricamente se decía que "la suerte de Estados Unidos dependía de la suerte de la General Motors", basta fijarse en las condiciones en que está hoy la General Motors.

Este es el panorama con el que Obama se va a encontrar y que pone limitaciones serias a los intentos de continuar con las políticas que había llevado adelante Bush; políticas de agresión unilateral, de guerras preventivas y demás. A todo esto se le suma una crisis interna económica y social. Han llegado en 4 meses a niveles de desocupación que son los más altos desde 1945. Lo que genera una situación interna muy grave.

Como de costumbre la crisis golpea más a los que menos tienen.

 

Esta es una crisis de sobreproducción, por la gran concentración de la riqueza a nivel mundial. El 20% de las personas del mundo manejan el 87% de la riqueza. Este mercado, de un 20% de la población mundial es excesivamente chico para el incremento de la producción que supone la utilización de tecnologías de avanzadas más la emergencia de nuevas potencias productivas. Cuando la riqueza está tan polarizada hay una tendencia de crecientes fracciones del capital a entrar en procesos especulativos. Procesos que fueron favorecidos por Estados Unidos porque controlaba la emisión de dólares y de otros tipos de papeles moneda, como son los subprime, pero el valor real de todos estos bonos eran el 10% de lo que estaba presente. Era una gran bola que iba creciendo sobre la base de papel pintado. La crisis transparentó esta situación anómala, haciendo que el poder de estas empresas haya caído en términos reales al 10 o el 20% de lo que se suponía tenían. Todo esto hace que el dólar tienda a dejar de ser la moneda de cambio internacional. Nadie confía en el dólar, lo que pasa es que Japón y Europa tienen bonos de la deuda de Estados Unidos y si el dólar baja ellos pierden mucho dinero. Pero esto va a suceder, porque el poder actual del dólar es ficticio.

El hecho de que en la asunción de Barack Obama hubiera gran cantidad de personas de los sectores más marginados de Estados Unidos parece ser un signo importante...

 

Es cierto que, más allá de lo que haga Obama, para una parte importante de esta población históricamente discriminada en los Estados Unidos, como la población negra, los hispanos, etc., etc., simbólicamente la presencia de Obama es importante. Él mismo lo dijo: "pensar que hace 60 años a mí no me hubieran servido en un restaurante", en ese momento un mozo blanco no podía servirle a un negro en un restaurante. Esto representa un salto cultural, más allá de lo que haga Obama, y ha despertado expectativas en una población que está consternada por la magnitud de la crisis, porque ha perdido casas, ahorros, fondos de pensión, el trabajo, etc. Es una situación en la que necesitan creer que viene un salvador.

¿Pero, todo se queda en lo simbólico?

 

No nos engañemos. Obama está haciendo alianzas con los sectores de poder. Porque, si bien es cierto que en la asunción estaban presentes dos millones de negros e hispanos, también estaban presentes los sectores del poder económico y militar, con las características que tienen. Su gabinete muestra líneas de continuidad con los anteriores procesos. Eso refleja con claridad los límites que tienen los presidentes norteamericanos fijados por estos grupos de poder.

¿Y en el campo de las relaciones exteriores, cambiará algo?

 

En el campo internacional no abrió la boca acerca de la situación en la Franja de Gaza, y lo que pasó allí se hizo con el aval norteamericano. También acusó a Chávez de impedir el progreso de América Latina y con respecto a Cuba dijo que iban a ver el tema del embargo "si los cubanos decretaban la libertad de la isla". Fue lanzando algunas líneas que dan cuenta de que si hay un cambio no va ser de la magnitud de la que se esperaba.

¿Qué expectativas puede tener Latinoamérica?

 

La única expectativa de América Latina es que no vengan nuevamente a arrasarla y saquearla. Esa es la mejor expectativa que se puede tener sobre Estados Unidos. La crítica situación en que se encuentra Estados Unidos en Irak, Afganistán, más sus compromisos críticos con la situación del Líbano, etc., etc., hace plantear ciertas hipótesis de derrota. Esto trae implícito que si debe retirarse de Irak y Afganistán, y uno mira el planisferio, te das cuenta que hacia China no va a ir, hacia Rusia tampoco, hacia la India tampoco, ni hacia el mundo islámico, ni mucho menos hacia la Comunidad Económica Europea. Entonces quedan África y América Latina.

A Estados Unidos le ha molestado el surgimiento de algunos gobiernos de carácter populista en esta parte del continente.

 

Aparentemente, en los últimos años, además de esta cosa más o menos permanente aunque no prioritaria de intentar controlar el continente como su patio trasero, le resultaba especialmente irritativo que desde fines de los '90, pero básicamente a partir del siglo XXI y como consecuencia de las catástrofes generadas por los modelos neoliberales, comienzan a emerger gobiernos con una orientación crítica hacia la hegemonía de Estados Unidos y hacia los modelos neoliberales. Esto con una gama de posiciones más o menos radicalizadas. En este contexto, la más claramente radicalizada es la de Chávez en Venezuela. Ellos intentaron ahí sus políticas tradicionales, primero de golpe de estado (en abril del 2002) y después de acoso patronal ante los intentos de recuperar PDVSA de las garras de la corrupción que había en esa empresa. PDVSA producía enormes ingresos para Venezuela, pero antes se quedaban en manos de grandes corporaciones y de los sectores vinculados con la corrupción del petróleo.

 

¿Seguirán en ese camino?

 

Hasta antes de la asunción de Obama, y ahora veremos cómo sigue, Estados Unidos estaba diseñando un plan de militarización del continente. Llevaron adelante, primero, el plan Puebla-Panamá, que implica el control de América Central; El Plan Colombia, donde, con la excusa de combatir el narcotráfico y la guerrilla, Estados Unidos y el gobierno títere de Uribe demostraron que no quieren la pacificación de la región porque la hipótesis de conflicto le permite tener tropas en esa región para el control del Amazonas; tenían la base de Manta en Ecuador, pero gracias a la decisión de Rafael Correa va a ser levantada en 2009; estaban presionando para tener una nueva base en Perú; y en Paraguay reconstruyeron bases militares locales de manera tal que les permita en 24 horas desembarcar entre 12 y 16 soldados.

 

¿Lo de Paraguay tal vez sea lo más grotesco?

 

Probablemente. Allí, en uno de los cuarteles paraguayos, hicieron una pista de aterrizaje que se llama Mariscal Estigarribia, que es muy significativa, porque los cimientos de una pista de aterrizaje común (por ejemplo, la de Ezeiza) son de 2 metros, en cambio en ésta son de 9 metros. Esto quiere decir que planean usarla para aviones de gran carga. Es decir, aviones que transportan tanques, tanquetas y artillería pesada.

A todo esto, están a 200 kilómetros de la frontera con Santa Cruz; y debido a que hubo ciertas reticencias de Brasil y Argentina se le impidió establecer la famosa base en la Triple Frontera. Además, está el elemento preocupante de la revitalización de la IV Flota que le permite controlar el Caribe y el Atlántico, y la propuesta de formación de cuadros militares en el Instituto de Estudios del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, que no es otra cosa que otra Escuela de Las Américas, centro en el que se formaron todos los dictadores de nuestro continente.

 

¿En las últimas décadas habían cambiado su estrategia?

 

A principios de los años '80, y después de impulsar las dictaduras militares que se instauraron en los años '70 en toda América Latina, con el Consenso de Washington (que es el acuerdo entre los dos partidos mayoritario de Estados Unidos - los conservadores y los demócratas- para llevar adelante ciertas políticas, cualquiera sea el partido que llegue al gobierno), evaluaron que las dictaduras militares podían llegar a ser peligrosas para los intereses norteamericanos. Tarde o temprano, estas dictaduras, ya fueran modernizantes como la del Sha de Irán o bananeras como la de Somoza, generaban movimientos que no solamente cuestionaban a los dictadores, sino que también al principal aliado de estos, Estados Unidos. Cuando la dictadura militar argentina lanza la guerra de las Malvinas poniendo en peligro su equilibrio geoestratégico en el Atlántico Sur, toman la decisión de que es necesario impulsar una nueva etapa. Entonces, comienza la ola sincrónica de las democracias controladas con modelos neoliberales que actuaron sobre estas sociedades atomizadas por el terror, la desocupación, etc.

 

¿En la actualidad la estrategia cambió?

 

Hacia finales de del siglo XX es cuando se hacen evidentes las consecuencias catastróficas de las esas políticas neoliberales. Esto empieza a generar una oposición mayoritaria, social, popular o como se las quiera llamar, que cuestiona ese predominio de Estados Unidos. Ahí empiezan a surgir, también de manera sincrónica, los gobiernos que con mayor o menor radicalidad cuestionan la hegemonía de Estados Unidos. Entonces da la sensación de que como no pueden controlar el consenso y como ya no confían en los ejércitos latinoamericanos, no pueden controlar manipulando como hicieron en los '80 y '90 las seudo democracias, aparentemente están buscando nuevas formas de militarización de la zona.

 

¿Entonces las políticas que se van a aplicar están totalmente condicionadas?

 

Un claro ejemplo: Cuando Hilary Clinton, durante el gobierno de su marido (Bill Clinton), quiso propulsar un Sistema de Salud Pública para 40 millones de norteamericanos, que no tienen ningún tipo de cobertura, las corporaciones médicas se opusieron y no lo pudo hacer.

No sé qué va a hacer Obama, pero hay que tener en cuenta que aquellos presidentes que intentan superar esos límites reciben su castigo. En los '60, esta seudo democracia se bajó en 5 años a John Kennedy, Martín Luther King, Malcolm X, al jefe de Las Panteras Negras y a Bob Kennedy.

Obama presenta una faceta renovadora, pero el poder real no está ni por casualidad en el Presidente ni en el Congreso. En Estados Unidos, el verdadero poder lo tienen las corporaciones, el famoso establishment.


 

Originalmente publicada en Revista "2010".

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