Romper las cadenas

Publicado en por Héctor Bernardo

¿Traición de clase o conciencia política y social?


cadenas-rotas2.jpgLa historia de los jóvenes que en la década del ´70 decidieron cortar los lazos que los ataban a familias fascistas y antiperonistas para unirse a movimientos revolucionarios en la lucha por un mundo más justo. Carlos Mugica, Juan Carlos Alsogaray y  Susana “La Pirí” Lugones, tres ejemplos que valen la pena recordar.

 

 



Por Héctor Bernardo

 

Los ´60 y ´70 fueron tiempos de cambios; períodos en que jóvenes de todas partes del mundo intentaron convertir sus sueños en realidad. Las transformaciones que en aquel entonces se percibían con claridad a nivel artístico y estético tuvieron también su correlato en los espacios políticos. La Revolución socialista llevada adelante en Cuba, la derrota de Estados Unidos (símbolo máximo del imperialismo capitalista) en Vietnam, la Revolución Cultural en China, los movimientos de liberación en África, el Concilio Vaticano II, que impulsaría la corriente de Curas Tercermundistas, y el levantamiento de los universitarios parisinos, en lo que luego se conocería como “el Mayo Francés”, fomentaban en muchos jóvenes ilusiones de cambio, esperanzas que se podían sintetizar en una frase que hasta el día de hoy sigue vigente como horizonte político: “un mundo mejor es posible”.

En Argentina las nuevas generaciones no quedaron al margen de esa ola de cambios. En un contexto de proscripciones políticas, de restricción de libertades individuales, gobernados por dictaduras militares que se intercalaban con democracias condicionadas donde las mayorías no tenían representación, el clima represivo atemorizaba a algunos, pero también impulsaba a la acción a otros.

Fue en ese marco que muchos jóvenes decidieron unirse a organizaciones revolucionarias. Lo hicieron como forma de participación política, como herramienta de cambio y como sentimiento de pertenencia a grupos que – con diversas consignas – buscaban un mismo fin: una sociedad más justa.

Las organizaciones ERP, FAR y Montoneros -entre otras- vieron cómo muchos obreros y estudiantes se acercaban buscando el espacio que la sociedad política establecida les negaba. Pero no todos los jóvenes revolucionarios pertenecían a familias que sufrían las consecuencias de la explotación. Si bien, los casos más conocidos de aquellos que se revelaron rompiendo la tradición de sus antecesores son los que se dieron durante la revolución Cubana, donde su propio líder, Fidel Castro Ruz, era un abogado que provenía de una familia adinerada, o incluso el argentino Ernesto Guevara de la Serna, era un médico miembro de una tradicional familia de Rosario (provincia de Santa Fe); en Argentina también existieron casos de jóvenes que perteneciendo a familias acomodadas, de tintes fascistas y reaccionarios, que en algunos casos habían apoyado el golpe militar contra Perón en 1955, rompieron con esa lógica de pensamiento y se sumaron a las organización revolucionarias en defensa de los más desposeídos. Montoneros.jpg 

    “La condición de clase no determina la conciencia de clase”, es una frase que se suele oír en boca de muchos sociólogos que intentan explicar por qué no todo el sector de los trabajadores se revela contra sus explotadores. En esta ocasión la frase bien podría aplicarse – pero desde otro ángulo- a los casos de Carlos Mugica, Juan Carlos Alsogaray y Susana La Pirí” Lugones. Estos tres jóvenes que podrían haber optado por una vida de lujos y frivolidades, pero eligieron el camino de lucha y el sacrificio por los que nada tienen.

 

 


Del Mayo Francés a la Villa de Retiro y el monte Tucumano

 

Dicen que solían recorrer las calles de París juntos. Les gustaba charlar y debatir sobre las injusticias del mundo. Uno, un cura tercermundista; el otro, el hijo de un militar golpista.

Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe (conocido como el padre Carlos Mugica) provenía de una familia acomodada de Recoleta. Algunos de sus amigos solían burlase de él porque su primera actitud contestaría fue construirse una casilla de chapa y cartón, pero en la terraza de la casa de sus padres en ese barrio rico de la ciudad de Buenos Aires.

Mugica podría haber elegido una vida cómoda y sin necesidades, pero decidió sumarse a la corriente de Curas Tercermundistas que surgió luego del Concilio Vaticano II. Tiempo después, como instructor de la Juventud Estudiantil Católica (JEC), conoció y formó a muchos de los jóvenes que luego crearía el Movimiento Montonero.

Carlos-Mugica.jpgMiguel Bonasso, en su libro Diario de un clandestino, recuerda que en una charla Mugica le dijo: “yo debería estar en Montoneros, porque me sigo sintiendo responsable del camino que tomaron esos chicos. ¿Te das cuenta? Yo los formé en aquellas excursiones  de scoutismo católico, yo los llevé a la Villa de Retiro, para que vieran de cerca cómo vivían sus hermanos…”.

Si bien Mugica nunca se sumó oficialmente a Montoneros (porque según aseguraba él estaba dispuesto “a dar la vida por los pobres, pero no a matar”), siempre estuvo cerca de estos jóvenes revolucionarios, y cuando dos de sus dirigentes fueron asesinados (Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus) realizó una misa en su memoria en la capilla Cristo Obrero, que estaba instalada en plena Villa de Retiro.

La derecha nunca le perdonó este vínculo con los sectores revolucionarios y el  sábado 11 de septiembre de 1974 un grupo de tareas de la Triple A lo ametralló asesinándolo en plena Villa donde hacia su trabajo de militancia por los pobres.

Los criminales nunca fueron atrapados. El poder había protegido a sus sicarios, como trataría de seguir haciéndolo a lo largo de la historia, y el campo popular perdía a otro luchador en sus filas.

El padre Mugica había cambiado esas caminatas sobre los adoquines de París para dejar su vida en las calles de tierra de la Villa de Retiro. Su compañero de debates en esa Francia efervescente también tendría una historia heroica y un apellido que le pesaría como una mochila de plomo: Alsogaray. 

Juan Carlos Alsogaray sufrió el estigma causado por un apellido que representa a uno de los sectores más reaccionarios de la historia de este país. Las personas que más injustamente lo han hecho trascender son la ex funcionaria menemista María Julia (recientemente condenada por enriquecimiento ilícito) y su padre Álvaro ministro de Economía de Frondizi y cómplice de todas las dictaduras que surgieron desde el golpe contra Perón en adelante. Álvaro, liberal en lo económico y conservador y reaccionario en lo político, es recordado comúnmente por una triste frase: “hay que pasar el invierno”. Expresión que repetía mientras gran parte de Argentina se sumía en la miseria y él se enriquecía hasta el hartazgo. Pero lo que es poco conocido, y que también se enmarca dentro de la misma línea ideológica, es que a mediados de los ´60 Álvaro Juan-Carlos-Alsogaray.jpgAlsogaray fue embajador en Estados Unidos y en el ejercicio de ese cargo fue él quien entregó a la CIA un juego de huellas digitales de otro argentino que un año después caería muerto en Bolivia: Ernesto “Che” Guevara.

Otro de los lamentables portadores de este apellido fue Julio Alsogaray, quien formó parte del sector que se levantó contra Perón en 1951 y que luego durante la dictadura de Onganía llegó a ser Comandante en Jefe del Ejército.

Pero toda familia tiene su oveja descarriada. En este caso se trato de Juan Carlos, el hijo del general Julio, el sobrino de Álvaro, el primo de María Julia.

Quienes lo conocieron aseguran que la bisagra en la vida de Juan Carlos Alsogaray fue el hecho de haber ido a estudiar a estudiar sociología en la Sorbona, para desgracia de sus familiares, justo en pleno Mayo Francés. El joven volvió totalmente cambiado, renegó por completo de esa familia reaccionaria y se unió al Movimiento Montoneros.

Juan Carlos fue asumiendo un compromiso cada vez mayor en la organización a tal punto que en 1973 llegó a ser el conductor de la Columna La Plata de Montoneros. Luego, en 1974 fue trasladado a Tucumán, y dos años después, el 23 de febrero de 1976, este joven revolucionario sería asesinado en el monte tucumano durante  un combate con un grupo del Ejército que respondía al general Antonio Domingo Bussi (aquel represor que en 2008, cuando fue juzgado por todos los crímenes que cometió, cobardemente intentó dar la imagen de un pobre abuelito que ignoraba lo que había pasado).

 

 

 

Una rosa entre los cardos

 

De todos estos casos, el que probablemente sea el más emblemático es el de Susana “La Piri” Lugones, nieta del conocido poeta Leopoldo Lugones e hija del comisario “Polo”.

 Leopoldo Lugones fue un destacado intelectual de principios del siglo XX que no sólo dejó su sello en la historia argentina a través de sus obras literarias. Este escritor  fue uno de los fundadores de La Liga leopoldo-lugones-1922.jpgPatriótica, organización que se dedicó a perseguir a atacar a los obreros que trataban de organizarse formando los primeros sindicatos. Sus discursos en contra de los trabajadores, a favor del poder militar y en contra de la joven democracia de nuestro país son recordados por muchos historiadores. Un claro ejemplo de la mirada política de Lugones es el discurso que pronunció en 1923 ante La Liga Patriótica y el Circulo Tradicionalista Argentino, en él señalaba que “el pueblo como entidad electoral no me interesa en lo más mínimo. Nunca le he pedido nada, nunca se lo he de pedir, y soy un incrédulo de la soberanía de las mayorías”, acto seguido reclamaba “una enérgica adhesión a las instituciones militares”.

En ese sentido, no es de extrañar que su hijo, “Polo” Lugones, se transformara en el comisario argentino que tuviera el triste merito de haber inventado la picana eléctrica. Este elemento de tortura tendría un largo y horroroso recorrido en la historia de nuestro país.

Lo que ninguno de estos dos personajes imaginó fue que Susana “La Pirí” Lugones se sumaría al Movimiento Montoneros para luchar contra todo lo que representaban su padre y su abuelo.

El escritor, historiador y periodista Osvaldo Bayer conoció personalmente a Susana Lugones y hasta el día de hoy su historia le sigue pareciendo asombrosa. “A Pirí la recordaré siempre- señaló Bayer -. Su fuerza increíble, su coraje, su valentía. Son increíbles las fantasías que tiene la realidad. A ese padre le salió una hija guerrillera que luchaba por los derechos del pueblo.”

Susana-La-Piri-Lugones.jpgBayer vio por primera vez a “La Piri” en La Habana, en 1961 durante el  aniversario de la Revolución. Él había viajado allí como parte de una delegación de prensa. “En ese tiempo ella era la pareja de Rodolfo Walsh – recordó Bayer-. Cuando se me presentó, me dijo: ´Soy la Piri Lugones, la hija del torturador Lugones`. Así de simple. Quedé conmocionado, lo único que faltaba era que agregase: ´sí, del inventor de la picana eléctrica`. Los torturadores y los genocidas no se dan cuenta que sus hijos pueden llevar el dolor de la vergüenza para toda la vida”.

“Años después- continuó diciendo Bayer-, cuando ella estaba muy mal económicamente, me vendió un álbum con las fotografías policiales de anarquistas de la década del treinta que su padre había coleccionado en su misión de funcionario policial y represor político. Esa vez estuvimos charlando largamente. Ella no veía otra salida que la lucha armada. ¡Cómo traté de convencerla con la teoría del ´espontaneísmo de las masas` y de los hechos históricos basados en esa interpretación: la revolución francesa, la rebelión de los campesinos alemanes en 1515, la revolución alemana de fines de la primera guerra mundial, la revolución rusa, etc.! Pero no la convencí.  Fue la última vez que la vi. Fue detenida, torturada a propósito con la picana eléctrica inventada por su padre, y desaparecida. ¡Cuánta perversión la de los uniformados!”Montoneros-en-la-plaza.jpg

 


Juan Carlos Alsogaray, “La Piri” Lugones, el padre Carlos Mugica y tantos otros. Jóvenes que decidieron romper las pesadas cadenas que los ataban a sus familias. Jóvenes que para conseguir su libertad sintieron que tenía que luchar por la libertad y los derechos de todos.

“La condición de clase no siempre determina la conciencia de clases”, pero dolor y las injusticias que sufren los más débiles no puede hacer otra cosa que generar conciencia social y política.

 

 

 

Este artículo fue publicado originalmente en revista 2010Dosmildiez.

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Comentar este post

noelia (alias chapaquita querendona)jajjaj 04/21/2010 14:14


hector quiero decirte q lei la nota de la revi y esta buenisima, me copa lo historico q le has puesto, yo no sabia mucho del tema y ahora me ha quedado clarisimo!!.
entre al blog porqe quiero tu mail pero no lo encuentro, escribime al mail asi te agrego a mi lista de amigos q de aratos les mando notas o invitaciones a cosas q me parecen interesantes y asi
podemos ir a algun lado los 4, porque sino siempre es en lo de diego q los veo a uds....
ando ahora siguiendo la cumbre de cochabamaba y con un amigo siempre intercambiamos info.
abrazo
noe


Héctor Bernardo 04/25/2010 23:21



Hola Noe. Mi correo es bernardohector@hotmail.com