Mapurbes y mapunkys

Publicado en por Héctor Bernardo

Juventud y aboriginalidad

1.JPGEn una entrevista con La Pulseada, la antropóloga Laura Kropff habla sobre los jóvenes que viven en las ciudades, usan camperas de cuero y cinturones con tachas, escuchan punk y heavy metal, y a la vez se reivindican como mapuches.

 

 

 

 




Por Héctor Bernardo

 

 

Laura Kropff es doctora en antropología, investigadora del CONICET y del Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio de la Universidad Nacional de Río Negro. Desde 1997 trabaja temas vinculados a las articulaciones entre juventud y aboriginalidad. Con paciencia académica y pasión militante, Kropff explicó cuáles son los ámbitos en que se desarrollan sus investigaciones y qué fue encontrando al realizarlas. En ese contexto, había una pregunta que se imponía:

-¿Qué es la aboriginalidad?

-El concepto de aboriginalidad refiere al proceso por el cual, en la creación de la matriz estado-nación-territorio, se construye lo indígena como “un otro interno” con distintos grados y formas de inclusión/exclusión en el “nosotros” nacional. A diferencia de otras construcciones de alteridad –que se caracterizan también por interpelaciones étnicas y raciales- la aboriginalidad se basa en la presunción de autoctonía de sujetos colectivos. En esto entra en juego el activismo mapuche, que implica no solamente una serie de reivindicaciones de derechos en relación al acceso a bienes materiales como la tierra, sino también una disputa metacultural por definir su propio status de aboriginalidad.

-¿Por qué elegiste trabajar juventud y aboriginalidad?

-Son dos categorías que se cruzan. Uno de los ejes fundamentales de mi trabajo fue la rearticulación de identidades que se produce en barrios periféricos de San Carlos de Bariloche. En el seguimiento de esta rearticulación me centré en los dirigentes vecinales y, de forma tangencial, abordé procesos de identificación de algunos grupos de jóvenes. Cuando empecé mí investigación me di cuenta de que en los procesos de autoidentificación había quienes se autodefinían como jóvenes y a la vez como mapuches.

-¿Estos jóvenes tenían características particulares?

-Pude ver que, cuestionando la estructura ideológica que sustenta al discurso hegemónico, estos jóvenes apelaban a ideologías relacionadas con estéticas musicales “punk” y “heavy” y con ciertas lecturas del anarquismo. De ahí surgen conceptos como “mapurbe” y “mapunky”.

-¿Qué significan?

-Son términos que nacen de la combinación entre mapuche y urbe (“mapurbe”) y mapuche y punky (“mapunky”).

-¿Cómo se generaron estas combinaciones?

-A principios del año 2000, algunos de los jóvenes de barrios periféricos iniciaron un proceso de autoreconocimiento como mapuche. Este proceso está acompañado por intentos de reconstrucción de las historias familiares y por una reconexión con la vida en las áreas rurales, específicamente con la vida ceremonial.

-¿Este proceso se potencia en el 2001?

-Fue importante el Censo Nacional de Población y Vivienda 2001, que por primera vez incorporó una pregunta sobre el autoreconocimiento indígena. Pero no hay que confundir este proceso con los hechos de diciembre de 2001. Todo lo que surgió de ahí pude haber generado mayor visibilidad de las organizaciones indígenas en Capital Federal, y en ocasiones se cree que lo que pasa en Capital pasa en todo el país. Pero en el norte de la Patagonia el proceso de fortalecimiento de las organizaciones indígenas se dio junto a las organizaciones sociales desde el ´97 en adelante, con los sucesos de Cutral Có como disparador. Además, la década de 1990 estuvo marcada por una fuerte movilización de los pueblos indígenas en Latinoamérica. Durante esa década ganaron visibilidad en la arena internacional y se desarrollaron nuevos instrumentos legales. En la Argentina, a partir de los ´80, la sanción de varias leyes y reformas constitucionales da nuevo impulso a la discusión sobre el status jurídico de los pueblos indígenas. Acompañando estos procesos, las organizaciones indígenas también ganaron visibilidad y derechos políticos generando un cuestionamiento sistemático a las prácticas de inclusión y exclusión de la sociedad política y civil, y una exigencia de reforma del Estado que supondría replantear sus principios fundantes.

-¿Cuál es la situación actual?

-Aunque las organizaciones han ganado espacio y legitimado algunas de sus demandas, todavía tienen que lidiar con un discurso hegemónico negador y derogatorio.4

-¿En qué sentido?

-Tanto en Río Negro como en Neuquén, la construcción hegemónica asocia a los mapuches con la ocupación de ámbitos rurales. La migración hacia las ciudades se conceptualiza a partir de la idea de “aculturación” y pérdida de la “pureza” (cultural y biológica), ideas relacionadas con un fuerte supuesto que condena a los mapuches a la “extinción”.

-En este sentido, ¿cómo tomaron los diversos grupos etáreos mapuches que estos jóvenes urbanos, que tienen características distintas a las tradicionales, también se reconocieran como parte del mismo pueblo?

-Se dio algo muy particular. Estos jóvenes que usaban camperas de cuero, cinturones con tachas, borceguíes y que a la vez se reconocían como mapuches, fueron aceptados más abiertamente por la generación de sus abuelos que por la de sus padres. Algunos jóvenes decían en chiste que en algunas comunidades les aplicaban el “mapuchómetro”, es decir que los medían para ver cuán mapuches eran.

-¿Y el “mapuchómetro” cómo les daba?

-La realidad es que hay nuevas articulaciones centradas en una autoidentificación como mapuche estructurando un nuevo discurso público y modificando, de esta manera, las demandas mapuches tradicionales para incluir la problemática mapuche urbana.

-¿Cuesta que eso se comprenda?

-Uno de los principales desafíos es cuestionar las concepciones instaladas sobre la relación entre los espacios rurales y urbanos en la realidad mapuche actual y en su trayectoria histórica. En el proceso político del movimiento mapuche de los últimos años, esta relación se ha venido planteando desde diferentes posturas. Está, por un lado, el discurso ruralizante que interpreta la experiencia urbana en términos de pérdida y que, por lo tanto, deslegitima las voces de los mapuches urbanos desde la sospecha de falta de autenticidad. Las organizaciones que han tenido mayor visibilidad pública a partir de la década de 1990 tienen en su dirigencia muchos mapuches que viven en las ciudades y estas interpelaciones des-legitimadoras se han utilizado para desacreditar demandas.

-¿Qué se hace frente a eso?

-Creo que es necesario instalar la discusión sobre la identidad mapuche en el presente. La situación actual propone una gran diversidad de realidades que no pueden ser reducidas a estereotipos folclorizantes. Entre ellas las concepciones instaladas sobre la relación entre los espacios rurales y urbanos en la realidad mapuche actual y en su trayectoria histórica.

 

 

Pensar sobre y con nuestros jóvenes

 

En septiembre pasado, la doctora Laura Kropff disertó en La Plata sobre “Apuntes para pensar la interfase entre edad y aboriginalidad”, en el marco del ciclo de debates “Por otra relación del Estado con la Niñez, la Adolescencia y la Juventud: interpelando prácticas y construyendo saberes”. Dichos encuentros se llevan adelante en Facultad de Trabajo Social (9 y 63) de la Universidad platense, los últimos viernes de cada mes.

Convocamos a participar de este ciclo de debate que nos lleva a interpelar las prácticas y construir saberes que incidan en otra relación del Estado con la niñez, la adolescencia y la juventud”, señalaron los organizadores del ciclo.

El próximo encuentro será el 30 de octubre. Allí, un integrante del programa de Antropología y Salud del Instituto de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires, Ariel Adaszko, disertará sobre los “procesos de gestión de la enfermedad en la vida cotidiana de adolescentes que crecieron viviendo con VIH/sida desde niños”.

 

 

 

 

 

Artículo publicado originalmente el la revista La Pulseada.

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