LA RELACIÓN IGLESIA Y ESTADO: LA DICTADURA DE LA FE

Publicado en por Héctor Bernardo

En base a tres leyes de la dictadura el Estado aún hoy debe encargarse del sueldo de los obispos y contribuir a la formación del clero entregándole a la Iglesia dinero por cada alumno del seminario y además debe costear los viajes fuera del país de las autoridades eclesiásticas. ¿Por qué un Estado laico debe seguir haciéndose cargo de los sueldos de la Iglesia Católica, la institución religiosa más poderosa del mundo?

 

 


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En la actualidad, la relación entre la Iglesia y el Estado ha vuelto a las primeras planas. Las declaraciones de los arzobispos Jorge Bergoglio y Héctor Aguer sobre la posibilidad de que el Estado argentino apruebe la Ley de Matrimonio Igualitario (que otorgaría una serie de derechos a las parejas del mismo sexo), volvieron a mostrar el pensamiento reaccionario de una institución que siempre ha sido totalitaria.

Como ya se ha hecho público, el primado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires envió una carta a las distintas diócesis para convocar a “una guerra de Dios”, en contra de este proyecto.


Tal vez los máximos referentes de la Iglesia Católica extrañen aquellos momentos en que los límites entre el Estado y la Iglesia eran poco claros. La época en que, mientras miles de personas eran secuestradas, torturadas y desaparecidas; mientras los torturadores se apropiaban de los hijos de sus víctimas; mientras el país se regalaba a la Banca extranjera y todos los trabajadores sufrían las consecuencias del ajuste del modelo de Martínez de Hoz, la cúpula de la Iglesia guardaba silencio cómplice, bendecía a los presidentes de facto y se beneficiada por las medidas que tomaban los usurpadores del Estado.


En aquel momento los máximos referentes católicos no organizaban marchas ni reclamaban contra un Estado genocida. Muy por el contrario, gozaba con el corrimiento de los límites del Estado, que aquella nefasta época sancionó tres las leyes que hoy siguen beneficiando a la Iglesia Católica. La Ley 21.950 (de Sueldo de los Obispos) que señala que los arzobispos y obispos gozaran de una asignación mensual equivalente al 80% de la remuneración fijada para el cargo de Juez Nacional de primera instancia.


La Ley 22.950 (de Formación del Clero) que señala que el Gobierno Nacional contribuirá a la formación del clero instaurando que “Los señores obispos percibirán en concepto de sostenimiento mensual por cada alumno del seminario mayor el equivalente al salario de la categoría 10 del escalafón del personal civil de la administración pública nacional”.


Finalmente el Decreto 1991 (de subsidios para los viajes de los representantes de la iglesia) que lleva la firma del dictador Jorge Rafael Videla, y que establece que los representantes de la Iglesia que necesiten viajar tanto al exterior como dentro del país puede pedir sus pasajes en la Cancillería.

Por más que le duela a los nuevos jinetes del Apocalipsis, es hora de separar las aguas. La Iglesia tiene derecho a ponerle normas a sus fieles, pero no al resto de la sociedad. Un Estado laico no debe permitir que se legisle para un solo sector religioso y tampoco debe seguir haciéndose cargo de los sueldos de la Iglesia Católica, la institución religiosa económicamente más poderosa del mundo. A Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.


Por Héctor Bernardo
Para Revista 2010

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